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Nos alcanza el crepúsculo muy pronto
pero el instante es bello y su zumo
nos eterniza el labio y nos pide
silencio, abrir los ojos a esta luz
inédita por última, a su canto
que nos devuelve un sueño:
tocar las piedras
por donde esta pasando el agua.
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(Ocho de la tarde, cincuenta años después).
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