domingo, 24 de julio de 2011

PESADILLA EN OHRID

.

Estamos vivos y somos mortales.
De forma inesperada se descubren
-no por obvias- las eternas verdades.

Una llamada. Detrás esa voz
-a la que amas como si fuera tuya-
maltratada, esposada,
al borde mismo
-frente al huraño dedo que nada entiende-
de la tragedia.

Urge, sin arrebatos, la serenidad más blanca,
su divino mensaje.

Es necesario oler sin prisa una flor
- entre llamada y llamada- mientras
nos jugamos la vida donde nunca
hemos estado y a dos mil kilómetros
nos amenaza y rie el miedo.

.

2 comentarios:

Julie dijo...

Sí, amigo, el miedo a lo que nos rodea que es horrible. Un poema triste para un triste momento. Me gustó cómo uniste el sentido de la amargura. Un abrazo.

toñi dijo...

A veces los acontecimientos nos invaden y nos arrasan... una oración por esas victimas y sus familiares.
Un abrazo.