.
Estamos vivos y somos mortales.
De forma inesperada se descubren
-no por obvias- las eternas verdades.
Una llamada. Detrás esa voz
-a la que amas como si fuera tuya-
maltratada, esposada,
al borde mismo
-frente al huraño dedo que nada entiende-
de la tragedia.
Urge, sin arrebatos, la serenidad más blanca,
su divino mensaje.
Es necesario oler sin prisa una flor
- entre llamada y llamada- mientras
nos jugamos la vida donde nunca
hemos estado y a dos mil kilómetros
nos amenaza y rie el miedo.
.
2 comentarios:
Sí, amigo, el miedo a lo que nos rodea que es horrible. Un poema triste para un triste momento. Me gustó cómo uniste el sentido de la amargura. Un abrazo.
A veces los acontecimientos nos invaden y nos arrasan... una oración por esas victimas y sus familiares.
Un abrazo.
Publicar un comentario en la entrada