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En silencio la contemplé
abrirse como un ojo
que traspasa y admira
el umbral de un sueño.
Despierta regalaba
incendios azulados,
amarillos que aplauden
la voluntad del blanco.
En su centro escuchaba
el libar de la abeja.
Su perfume de luces
virginales cantaba
a mi corazón.
Con un dedo prudente,
esperanzado, humilde,
acaricié la vida
que contemplé en silencio.
Mi primera palabra
-la traidora palabra-
le arrancó un pétalo.
Después, la flor murió.
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1 comentarios:
Bello y sutil, a la levedad de una flor.
Besos
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