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Cuando en la mañana salgo por
la puerta de mi casa y camino
hacia el creo pero nunca se sabe
dónde, un hormigueo sube
desde los pies al corazón y la
cabeza flota y se tambalea
hasta la hora del bocadillo en que
perdido en una página de Proust
bebo agua aburrida y entiendo
qué sería vivir la
vida sobre el alambre.
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1 comentarios:
No cabe duda que hay que guardar el equilibrio, amigo. Qué buen poema el tuyo! Como siempre un placer leerte. Abrazos.
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